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ARESTAS

ARESTAS

Apontamentos sobre Arquitectura e Sociedade (1)

FREITAG, Michel (2004: 9-13). Arquitectura e sociedade. Lisboa: Publicações Dom Quixote.


«Uma aldeia, uma só, mas implantada no meio de alguns terraços cultivados no flanco de uma colina, humaniza a paisagem até ao fundo do horizonte; a pobreza e a solidão que as suas pedras abrigam projectam sobre o mundo em redor a presença de um sentido secreto e de uma ordem desejável.» (2004:9) Assim começa o autor dando outros exemplos semelhantes onde a presença do ser humano dá sentido ao espaço que frequenta.

 

Depois contrapõe estes exemplos com a fria natureza do mundo contemporâneo:

«Mas gelar, sob o vento do Inverno, na grande avenida Dorchester, à espera do autocarro; à hora da saída dos escritórios! Ou entrar para comer, sem que a fome seja muita, num fastfood anónimo! Ou olhar de passagem, numa tarde de domingo, a senhora que se bronzeia no relvado de um bungalow dos subúrbios! E deixarmo-nos subir pelas escadas rolantes da estação de metro, atravessar o torniquete de controlo de acesso, atravessar à pressa o átrio subterrâneo, mergulhar no interior de um elevador e, maquinalmente, no quinto piso, tomar pelo corredor da direita, já com a chave do gabinete na mão!(...)» (2004:9)

 

e questiona: « Para além da funcionalidade imediata do ordenamento dos lugares e das coisas, que mundo se deixou entrever e desejar, que realidade escondida na sua própria profundidade manifestou a sua presença enigmática e, todavia, sempre já familiar?» (2004:9)

 

Não é nada de novo. Não é nada que não tenhamos já sentido e/ou pensado. Mas a questão permanece enraizada no facto de sermos quase derrotados pelas múltiplas respostas, perfazendo uma quase ausência de respostas. O espaço à imagem do ser humano, é um espaço que se transforma no sentido da sociedade, mas quando essa transformação ultrapassa a natureza irregular e imprevisível do ser, impondo as suas regras próprias em nome de algo muito – demasiado – pragmático, o ser no espaço conforma-se tristemente, acreditando na funcionalidade. No entanto esta crença sofre por vezes alguns desvios. Um exemplo que vai ao encontro desta funcionalidade do espaço frequentado por seres humanos, mas que simultaneamente sobrepõe a humanidade à modificação dos espaços pode ser visto nos Invalides (7º bairro de Paris). O espaço foi reformulado dando aos parisienses amplos rectângulos de relvado dispostos de cada lado da avenida que vai para a ponte Alexandre III. Se olharmos para a ponte situados do lado do edifício dos invalides, vemos que o metro Invalides encontra-se do lado direito. Sendo que esta estação é fulcral porque inclui 2 linhas e acesso ao RER, verificamos que com o tempo os utentes do metro e RER que vivem do lado esquerdo, atravessavam um dos rectângulos na diagonal (uma recta diagonal que não coincide com a diagonal do rectângulo). Durante muitos anos, o caminho assim formado no meio do relvado tornavam-se um carreiro enlameado durante o inverno. Eventualmente, o caminho foi empedrado tornando-se um dos exemplos mais reveladores da imposição humana sobre um espaço desenhado, projectado e construído. O mesmo acontece com a senda traçada pelos passos dos indivíduos no jardim/praça da Republica no Porto.

 

Depois questiona a arquitectura, aquela que quer ser vista, aquela que se dá a ver, a sua natureza com contornos sociais e históricos que se tornou problemática. Isto porque a primeira maneira de ver a arquitectura é histórica (imagens). A segunda maneira é aquela que «se contenta em habitar os espaços urbanizados e arquitecturados da sociedade contemporânea». (2004:11) E acrescenta uma dolorosa verdade: «A das pessoas que têm residência nos arredores e um emprego no centro, que se abastecem nos centros comerciais periféricos e vão às compras nas plazas subterrâneas ou nas lojas das ruas pedonais dos centros de cidade. É também a perspectiva dos que vivem no medo de serem expulsos dos velhos bairros ainda habitados ou que, pelo contrário, procuram cumprir na renovação privada o sonho de uma urbanidade ou de uma conjugalidade renovadas pelo cenário de um passado objecto de uma decepagem minuciosa. É, em suma, a maneira que uns e outros têm de ver, de viver, de habitar, de trabalhar, de se divertir, de se deslocar, de sonhar, tudo o que existe por meio deles ou apesar deles, são o espaço e o mundo reais do grande número, o quadro efectivo da vida quotidiana.»(2004:11-12)

 

Concluindo que «A realidade parece ter escapado à arquitectura, e a arquitectura, desertado a realidade.»(2004:12)

Comunidado do Subcomandante Marcos (janeiro 2013)

 

ELLOS Y NOSOTROS.

I.- Las (sin) razones de arriba.

Enero del 2013.

Hablan los de arriba:

“Nosotros somos los que mandamos. Somos más poderosos, aunque seamos menos. No nos importa lo que digas-escuches-pienses-hagas, siempre y cuando estés mudo, sordo, inmóvil.

Podemos imponer como gobierno a gente medianamente inteligente (aunque ya es muy difícil de encontrar en la clase política), pero elegimos a uno que ni siquiera puede simular que sabe de qué va el asunto.

¿Por qué? Porque podemos hacerlo.

Podemos usar al aparato policíaco y militar para perseguir y encarcelar a verdaderos delincuentes, pero esos criminales son parte vital nuestra. En cambio elegimos perseguirte, golpearte, detenerte, torturarte, encarcelarte, asesinarte.

¿Por qué? Porque podemos hacerlo.

¿Inocente o culpable? ¿Y a quién le importa si eres uno o lo otro? La justicia es una puta más en nuestra libreta de direcciones y, créenos, no es la más cara.

Y aunque cumplas al pie de la letra con el molde que imponemos, aunque no hagas nada, aunque seas inocente, te aplastaremos.

Y si insistes en preguntar por qué lo hacemos, te respondemos: porque podemos hacerlo.

Eso es tener el Poder. Se habla mucho de dinero, riquezas, y esas cosas. Pero créenos que lo que excita es este sentimiento de poder decidir sobre la vida, la libertad y los bienes de cualquiera. No, el poder no es el dinero, es lo que puedes tener con él. El Poder no es sólo ejercerlo impunemente, también y sobre todo, hacerlo irracionalmente. Porque tener el Poder es hacer y deshacer sin tener más razón que la posesión del Poder.

Y no importa quién aparezca al frente, ocultándonos. Eso de derecha e izquierda, son sólo referentes para que el chofer estacione el auto. La máquina funciona por sí sola. Ni siquiera tenemos que ordenar que castiguen la insolencia de desafiarnos. Gobiernos grandes, medianos y pequeños, de todo el espectro político, además de intelectuales, artistas, periodistas, políticos, jerarcas religiosos, se disputan el privilegio de agradarnos.

Así que jódete, chíngate, púdrete, muérete, desilusiónate, ríndete.

Para el resto del mundo no existes, eres nadie.

Sí, hemos sembrado el odio, el cinismo, el rencor, la desesperanza, el valemadrismo teórico y práctico, el conformismo del “mal menor”, el miedo hecho resignación.

Y, sin embargo, tememos que eso se transforme en rabia organizada, rebelde, sin precio.

Porque el caos que imponemos lo controlamos, lo administramos, lo dosificamos, lo alimentamos. Nuestras “fuerzas del orden” son nuestras fuerzas para imponer nuestro caos.

Pero el kaos que viene de abajo…

Ah, ése… ni siquiera entendemos qué dicen, quiénes son, cuánto cuestan.

Y luego son tan groseros de ya no mendigar, esperar, pedir, suplicar, sino ejercer su libertad. ¡Habrase visto tamaña obscenidad!

Eso es el verdadero peligro. Gente que mira para otro lado, que se sale del molde, o lo rompe, o lo ignora.

¿Sabes que nos ha dado muy buen resultado? Ese mito de la unidad a toda costa. Entenderse sólo con el jefe, dirigente, líder, caudillo, o como se llame. Controlar, administrar, contener, comprar a un@ es más fácil que a muchos. Sí, y más barato. Eso y las rebeldías individuales. Son tan conmovedoramente inútiles.

En cambio, lo que sí es un peligro, un caos verdadero, es que cada quien se haga colectivo, grupo, banda, raza, organización, y en su lado aprenda a decir “no” y a decir “sí”, y que se pongan de acuerdo entre ellos. Porque el “no” apunta a quienes mandamos. Y el “sí”… uf… eso sí es una calamidad, imagínate que cada quién construya su propio destino, y decidan qué ser y hacer. Sería tanto como señalar que nosotros somos los prescindibles, los que sobramos, los que estorbamos, los que no somos necesarios, los que debemos ser encarcelados, los que debemos desaparecer.

Sí, una pesadilla. Sí, claro, sólo que ahora para nosotros. ¿Te imaginas de qué mal gusto sería ese mundo? Lleno de indios, de negros, de cafés, de amarillos, de rojos, de rastas, de tatuajes, de piercings, de estoperoles, de punks, de darket@s, de chol@s, de skater@s, de esa bandera de la “A” tan sin nación para comprarla, de jóvenes, de mujeres, de put@s, de niñ@s, de ancianos, de pachucos, de choferes, de campesinos, de obreros, de nacos, de proles, de pobres, de anónimos, de… de otr@s. Sin un espacio privilegiado para nosotros, “the beautiful people“… la “gente bien” para que nos entiendas…. porque se ve a la legua que tú no estudiaste en Harvard.

Sí, ese día sería noche para nosotros… Sí, todo reventaría. ¿Que qué haríamos?

Mmh… no habíamos pensado en eso. Pensamos, planeamos y ejecutamos qué hacer para impedir que ocurra, pero… no, no se nos había ocurrido.

Bueno, en el dado caso, pues… mmh… no sé… puede ser que buscaríamos culpables y luego, pues buscar, no sé, un plan “B”. Claro que para entonces todo sería inútil. Creo que entonces recordaríamos la frase de ese maldito judío rojo… no, Marx no… Einstein, Albert Einstein. Me parece que fue él quien dijo: “La teoría es cuando se sabe todo y nada funciona. La práctica es cuando todo funciona y nadie sabe por qué. En este caso hemos combinado la teoría y la práctica: nada funciona… y nadie sabe por qué.”

No, tienes razón, ni siquiera alcanzaríamos a sonreír. El sentido del humor siempre ha sido un patrimonio no expropiable. ¿No es una pena?

Sí, a no dudarlo: son tiempos de crisis.

Oye, ¿y no vas a tomar fotos? Digo, para arreglarnos un poco y ponernos algo más decente. Nah, ese modelito ya lo usamos en “Hola”… ah, pero qué te contamos, se ve claro que tú no has pasado del “libro vaquero”.

Ah, no podemos esperar a contarle a nuestr@s amig@s que nos vino a entrevistar uno tan… tan… tan… otro. Les va a encantar. Y, bueno, a nosotr@s nos va a dar un aire tan cosmopolita…

No, claro que no te tememos. En cuanto a esa profecía… bah, se trata sólo de supersticiones, tan… tan… tan autóctonas… Sí, tan de región 4… jajajaja… qué buen chiste, deja lo apuntamos para cuando veamos a l@s chic@s…

¿Qué?… ¿no es una profecía?…

Oh, es una promesa…

(…) (sonido de titutata-tatatatá, del esmartfon)

Bueno, ¿policía? Sí, para reportar que vino alguien a vernos. Sí, pensamos que era un periodista o algo así. Se veía tan… tan… tan otro, sí. No, no nos hizo nada. No, tampoco se llevó nada. Es que, ahora que salíamos al club para ver a nuestr@s amig@s, estamos viendo que han pintado algo en el portón de entrada al jardín. No, los guardias no se dieron cuenta de quién. ¡Claro que no!, los fantasmas no existen. Bueno, está pintado así con muchos colores… No, no vimos ningún bote de pintura cerca… Bueno, le decíamos que está pintado con muchos colores, así, muy colorido, muy naco, muy otro, nada qué ver con las galerías donde… ¿qué? No, no queremos que mande ninguna patrulla. Sí, ya sabemos. Pero hablamos para ver si pueden investigar qué quiere decir lo que está pintado. No sabemos si es una clave, o una lengua de ésas raras que hablan los proles. Sí, es una sola palabra, pero no sabemos por qué nos produce escalofríos. Dice:

¡MARICHIWEU!”

(continuará…)

Desde cualquier rincón, en cualquiera de los mundos.

SupMarcos.
Planeta Tierra.
Enero del 2013.

 

fonte: http://desinformemonos.org/2013/01/cien-veces-venceremos-subcomandante-marcos/

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